El sector asegurador peruano asumió cerca de S/ 9 500 millones en atención de siniestros durante el 2025, entre coberturas por emergencias médicas, fallecimientos, accidentes y pérdidas patrimoniales, consolidándose como uno de los principales mecanismos de protección financiera para familias y empresas del país.
Asimismo, los activos del sector alcanzaron los S/ 89 277 millones al cierre del año pasado, reforzando el papel de las aseguradoras como inversionistas institucionales claves para la estabilidad económica y desarrollo de largo plazo en el Perú.
En el marco del Día del Seguro, la Asociación Peruana de Empresas de Seguros (APESEG) destacó que el impacto de la industria va más allá de las indemnizaciones. El seguro permite que miles de familias enfrenten situaciones críticas sin comprometer su estabilidad financiera y ayuda a que las empresas mantengan continuidad operativa frente a eventos inesperados. Los seguros no sólo están para pagar siniestros están para enseñarnos a cómo evitar tenerlos o que sean menos gravosos.
Además de su función de protección, el sector canaliza inversiones hacia proyectos de infraestructura, salud y desarrollo nacional, contribuyendo al crecimiento económico y a la resiliencia del país.
Sin embargo, APESEG advirtió que aún existe una importante brecha de protección en el Perú.
“Millones de personas y pequeñas empresas siguen expuestas a riesgos sin contar con un respaldo asegurador adecuado. Esa es una brecha que como sector necesitamos cerrar”, señaló Eduardo Morón, presidente de APESEG.
El representante gremial indicó que uno de los principales retos es ampliar el acceso a productos más inclusivos y fortalecer la cultura de prevención y previsión financiera en el país.
“Queremos que el seguro deje de percibirse como un producto lejano o inaccesible y sea entendido como una herramienta de protección que le permita a todos los peruanos planificar su futuro con mayores certezas”, añadió.
APESEG recordó que asegurar la salud, el patrimonio o la continuidad de un negocio no solo reduce vulnerabilidades individuales, sino que también fortalece la capacidad del país para enfrentar crisis y sostener su desarrollo económico.